
El éxito de Magaly se debe a la importancia que le da la gente. Un programa que alimenta el morbo, el chisme que no deja ningún tipo de enseñanza. Un periodismo sin moral, sin ética profesional.
Un programa burdo que noche a noche intenta tener rating dañando la integridad, la intimida de todas aquellas que pertenecen al mundo del espectáculo y que durante más de una década se ha manejado al borde de la ética. El ataque perfecto a aquellos que se han sido grabados, ofendidos por este programa, y que sin duda muchos de ellos no se han quedado con los brazos cruzados pues han sabido defenderse de las garras de la periodista más polémica del Perú.



